La gimnasia -y en especial la rítmica- tienen un sabor especial en Ourense. Desde aquellos tiempos en los que Aurora Martínez y Antonio Prada dieron a conocer la nueva modalidad competitiva en el Gimnasio 2000 a los grandes éxitos de Pino Díaz, Silvia Alonso o Marta Bobo.
Y no solo fue en la capital de la provincia, porque las escuelas que surgieron en las villas o las deportistas que crecieron para reforzar los ya de por sí potentes planteles de aquella edad dorada no hicieron más que reforzar una afición que siempre ha existido por estos lares. Porque cualquier manifestación gimnástica en Ourense tiene visos de llenar cualquier recinto.
Aún así, el trabajo del Club Ximnasia Pavillón -y la Escola-, del Burgas, del emprendedor Marusia y de otras activas propuestas que se han volcado no solo en la rítmica -favorita de padres y abuelos-, sino también en la acrobática, el trampolín o cualquiera de las variantes que ofrece el abanico gimnástico, merecen la pena y el aplauso. Porque la provincia estuvo a punto de disfrutar de un gran escenario específico para todas esas prácticas y el proyecto terminó por convertirse en inviable. Las condiciones en las que entrenan la mayor parte de nuestros gimnastas son mucho peores que las de la mayoría de sus competidores y, aún así, reclaman protagonismo.
Pese a todo, las alegrías son continuas y el conjunto infantil de las pabellonistas firmó la última gesta con su medalla de bronce en la Copa de España de rítmica. No hay nada imposible, que reitera una famosa marca de zapas. Ya te digo. Y eso que no conocían a estas gimnastas.