Por una vez...


La escena es recurrente, con niño, semáforo y adulto. El color indica que no se debe cruzar y el pequeño, tal vez con la charla del cole aún fresca, espera. Incluso exhibe conocimiento al ver que alguien obra mal y así se lo hace saber, orgulloso e inocente, al padre, a la madre, al abuelo o a quien sea que está con él. Hasta que la calle queda despejada, sin que asome peligro sobre ruedas. En ese momento, nota el tirón y escucha un venga, vamos, que no viene nadie. Sin peros. Arreando, que hace falta el tiempo y tampoco pasa nada: por una vez… Muy didáctico, en efecto. ¿Será este adulto de los que dicen respetar casi siempre? ¿Qué nota le damos en civismo?

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