Las islas Galápagos son un paraíso natural a menos de 1000 kilómetros de las costas de Ecuador. Conforman el archipiélago más diverso y complejo del mundo, y son hábitat de tortugas marinas, aves tropicales, delfines, tiburones, leones marinos, fragatas y muchas más especies del reino animal y vegetal. Esa biodiversidad observó también el naturalista inglés Darwin, que instaló allí su laboratorio de investigación, que le llevó a establecer su teoría de la evolución por la selección natural. Un lugar maravilloso al que solo se le puede poner una pega: su elevado coste.

El precio de un viaje al archipiélago de las Galápagos es tan caro que hace que viajeros con un presupuesto ajustado, como nosotros, no se puedan permitir explorar este pequeño edén. Pero hay una alternativa que se adapta mucho mejor al bolsillo de un mochilero: la Isla de la Plata, conocida como «la Galápagos de los pobres».

La Isla de la Plata es una pequeña isla, deshabitada e ideal para hacer ecoturismo. Se encuentra a una hora en bote desde Puerto López, pueblo costero ubicado en la provincia de Manabí, y está enmarcada dentro del Parque Nacional Machalilla. La única forma de llegar a la isla es mediante un tour turístico, ya que el acceso es restringido y controlado. Desde Puerto López salen lanchas a diario. Cuando el visitante llega al pueblo es abordado por una gran cantidad de agentes ofreciendo un paquete similar: viaje a Isla de la Plata, ruta de senderismo, guía, almuerzo y snorkel. Es recomendable no comprar estos tours a los agentes que venden en la calle y dirigirse directamente a las propias agencias, o apuntarse a través del hospedaje.

Aunque los locales la nombraron «la Galápagos de los pobres» o «la pequeña Galápagos», la excursión no es barata, ya que te puede costar entre 25 y 35 dólares. Sin embargo, su belleza escénica, su complejidad geográfica, sus acantilados, su vegetación, sus miradores naturales y el ecosistema te recompensarán. En su superficie se cobijan sobre todo aves salvajes; fragatas, pelícanos, piqueros de patas rojas, piqueros pardos, piqueros de nazca y nuestros favoritos, los piqueros de patas azules. En sus aguas se refugian delfines, tortugas marinas, peces manta y, además, de junio a octubre, se pueden avistar ballenas jorobadas que migran de la Antártida a las costas ecuatorianas.

Aparte de su riqueza natural, la Isla de la Plata es un lugar lleno de misterios y leyendas. La más conocida dice que el corsario británico sir Francis Drake guardaba allí el botín de sus asaltos a los barcos de la corona española. Por eso recibe el nombre de «la Isla de la Plata». De hecho, existe el rumor de que Francis Drake dejó escondido un tesoro en la propia isla que aún nadie ha encontrado a día de hoy.

Más allá de los mitos, la Isla de la Plata es un pedacito de paraíso rodeado por las aguas del Pacífico. Después de más de un mes de viaje la sensación de la brisa del mar, la inmensidad del océano, bañarnos en el Pacifico... Fue una toma de aire para ser consientes de todo lo que hemos vivido en tan poco tiempo. Tras este respiro fresco, salado y profundo, seguimos nuestro rumbo por el hemisferio sur. Regresamos al interior para dirigir nuestro camino hacía Perú. ¡Pacífico, hasta pronto!

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La Galápagos de los pobres