Lo que ayer fue un gran negocio que hoy nadie quiere explotar

Marta Vázquez Fernández
marta vázquez OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Antonio Cortés

La capital acumula espacios que fueron cines o discotecas y llevan años esperando nuevos proyectos

26 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La vida de un local comercial da muchas vueltas. Establecimientos que antaño vivieron días de gloria languidecen hoy, víctimas del olvido y, sobre todo, de la inexistencia de proyectos empresariales que los hagan revivir una vez más. Cines que no resistieron al cambio de siglo y albergaron fallidos proyectos posteriores, o discotecas que nadie fue capaz de reflotar con éxito conforman una lista de espacios que buscan quien los compre o los alquile, aunque sus grandes dimensiones y altos precios que hay que afrontar para hacerse con ellos convierten esta posibilidad en algo demasiado complicado en los tiempos que corren.

Uno de los más emblemáticos de la capital es, sin duda, el antiguo cine Xesteira, en la calle Concordia. Con un aforo de 1.130 personas en el momento de su apertura al público, en 1941, en su época de máximo esplendor contó con cuatro taquillas a pleno funcionamiento. El establecimiento, presentaba una decoración al estilo teatral, con una superficie de 2.000 metros cuadrados y una enorme pantalla. Con el cambio de siglo las instalaciones se volvieron antiguas y obsoletas, con un alto coste de mantenimiento que llevó al cierre. Eso ocurrió en diciembre del 2000. Revivió como café teatro y espacio cultural, después de que los vecinos se opusieran a que se abriera allí una discoteca. Desde el año 2005, conciertos y exposiciones sustituyeron a las películas, aunque la gran pantalla siguiese allí. Funcionó como restaurante y cafetería pero pronto emprendió una nueva aventura. A finales del 2011 reabría como bufé de comida oriental. Un incendio con importantes destrozos terminó con esa etapa y hoy el local espera, porqué no, una nueva oportunidad.

Abierta desde 1971, la discoteca 3A fue un referente de la movida nocturna ourensana durante años. Situada en la confluencia entre las calles Bedoya y Ramón Cabanillas, de hecho el local tiene salida a las dos, funcionó con mucho éxito hasta que, llegado el siglo XXI, su estética retro y el cambio de hábitos la hizo languidecer. Resurgió posteriormente, de nuevo como discoteca, denominándose Sala Troll, hasta que en 2012 una sentencia dictada por el Tribunal de Xustiza de Galicia ordenó su cierre, por considerar que la licencia municipal que permitió su apertura, que databa de 1971, había caducado.

Ni siquiera una segunda vida ha tenido, desde su cierre en 2007, el cine Dúplex, la última empresa local del sector que resistió a la llegada de las salas multicine de franquicia. La sala había abierto sus puertas en 1986 pero la cercanía con los cines del centro comercial Ponte Vella acabó con su rentabilidad. Desde su clausura, nadie ha querido retomar la actividad en el enorme bajo comercial de la calle Sáenz Díez. Tampoco tiene vida alguna hoy el local que, hasta el año 1996, funcionó en el 147 de la rúa Progreso como discoteca, denominándose primero Vanessa y luego Glamour. Se reabrió como tienda de deportes pero cerró definitivamente en el año 2010.