Los colapsos de Urgencias tras la Navidad ya casi se han convertido en un clásico del mes de enero. Año tras año se repite la saturación de los servicios en los distintos centros hospitalarios de la provincia sin que, al parecer, no exista forma humana de evitarlo.
Pero, claro, uno no puede dejar de preguntarse porqué no se ponen los medios necesarios para evitar que un ciudadano tenga que soportar hasta doce horas de espera para ser atendido cuando tiene una urgencia de salud. Sí, ese es el tiempo que se tardaba algunos días pasados en recibir asistencia en el servicio de urgencias del CHUO o, al menos, es el tiempo que el personal del servicio estimaba que podría necesitar para hacerlo -entiendo que en los casos que revestían menor gravedad-, y así se lo comunicaba a los pacientes. Muchos optaron por acudir a centros privados y otros se limitaron a aguardar. Como pacientes que son, claro.
Pero no siempre se puede apelar a la paciencia de los enfermos, soportar la lluvia de críticas tratando de escurrir el bulto aparentando normalidad y, mientras, esperar a que amaine el repunte de la gripe, o simplemente los centros de salud se encarguen de interceptar una parte importante de las urgencias. Así hasta que un buen día todo vuelve a la normalidad.
No se entiende como un servicio público como la Sanidad parece no tener capacidad alguna para ser más flexible y estar mejor organizado. Si ya sabemos en qué momentos del año puede haber más saturación en las Urgencias, ¿por qué no se ponen más medios para hacer frente al incremento de demanda y evitar tanto colapso?