No puede valer la victoria a cualquier precio

Alfonso Vilachá ENTRENADOR Y DOCENTE

OURENSE

12 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada fin de semana miles de jóvenes, en la edades tempranas, disfrutan practicando el deporte que más les gusta, el fútbol, y, por desgracia, una gran mayoría de los entrenadores empiezan el camino de formación, pensando única y absolutamente en el resultado para clasificarse lo mejor posible, dejando de lado el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para tal fin, someten a los jóvenes deportistas a competir y ganar a cualquier precio. Todo el entorno que rodea a los equipo, jugadores, entrenadores, directivos y padres, es partícipe de esta filosofía de formación. A todos nos gusta ganar, pero ha de ser sin humillar, es decir, sin goleadas escandalosas.

En las categorías de base enseñar a ganar, es mucho más fácil que enseñar a jugar, porque no se pierde el tiempo en asimilar o aprender cosas nuevas, sino que se repiten cosas pasadas.

Casi nunca nos planteamos, en las victorias, que sentirá el equipo rival en la derrota. No pensamos que son niños que están aprendiendo y nos olvidamos que están siendo educados a través del deporte que practican.

El concepto de victoria, ocupa un lugar dominante por encima del proceso de formación. El deseo exagerado por ganar está convirtiendo al fútbol base en deporte discriminatorio, los mejores participan más y los peores nada. Esta situación desemboca en enfrentamientos humillantes los fines de semana con derrotas escandalosas.

No debemos permitir que los clubes con mayor potencial deportivo alcancen esas goleadas de escándalo, tratando de humillar al club y los jóvenes jugadores que lo representan.

Obsesionarse con resultados excesivos, arengar a los jóvenes jugadores a que avasallen al rival, es algo que no tiene sitio en un deporte educativo, en ocasiones, manipulado por padres o entrenadores que buscan la satisfacción personal del triunfo sin importarle las consecuencias. Saber ganar también tiene sus reglas.

Por tal motivo, la forma de organizar las competiciones y el rol de los entrenadores serán la clave para evitar ganar a cualquier precio, con una serie de propuestas, que detallamos a continuación.

Cambiar el reglamento para que no se contabilicen más de x goles.

No presionar arriba: Cuando toca un partido en el que sabes de antemano la posibilidad de una goleada excesiva, todos tienen claro lo que deben hacer en el campo, ya que esto también se entrena.  No presionar en su campo al rival y dejarle salir con el balón jugado, una vez recuperado el balón, todos los jugadores tienen que tocar el balón (portero incluido) antes de intentar el gol. 

 ¿Que conseguimos con esto?, hacer que el niño piense ya que por lógica y ante un rival «inferior», si no ponemos normas es natural que el  chaval presione, abuse del regate y si puede hacer ocho goles no se quede en dos. Si todos deben tocar el balón, el partido no será un tiempo perdido ya que el chaval debe estar siempre concentrado y utilizando su cerebro para saber quien falta por tocar y donde está colocado. Si alguno se despista lo cambiamos para recordarle «nuestras» normas y la próxima vez que salga seguro que lo tendrá en cuenta. 

A partir de x goles, no valdrá tirar desde dentro del área y es necesario dar un número determinado de pases.

Eliminar de manera urgente las tablas de goleadores en las webs federativas e indicar a los clubes que en sus crónicas procuren evitar detalles que alimenten egos y no solo hablamos de niños. Eso alimenta el ego de los padres e hijos. Si el equipo que tenemos en frente no consigue llegar a portería, tampoco es cuestión de hacerle un pasillo, pero algún agarrón o mano en el área puede ayudar a mitigar diferencias. A pesar de esto puede llegar la goleada, pero difícilmente a esos números que son los que realmente preocupan. Existen otras fórmulas, pero repito que esto tiene que surgir del entrenador y no todos pensamos por igual.