Echar el cerrojo al mal llamado punto limpio de Eiroás no parece una mala decisión. Por fin el gobierno municipal se ha propuesto terminar con la acumulación de toneladas de desperdicios en el entorno de la capital, en un recinto cuya relación con los residuos viene de muy atrás. Y es que muy cerca del lugar que hoy acumula deshechos de todo tipo -depositados, por cierto, por ciudadanos presuntamente cívicos- yace el antiguo vertedero de Eiroás, una superficie de noventa mil metros cuadrados en la que, durante muchos años, se depositó la basura de decenas de municipios de toda la provincia. Los malos olores que emanaban de aquel recinto y la fuerte contaminación que provocaba motivó lógicas quejas de los residentes en la zona que, seguramente, respiraron aliviados cuando se decidió cerrarlo, en el año 2002. Entonces había grandes proyectos para convertir aquel lugar en un espacio verde pero, como ha ocurrido tantas veces en esta ciudad, las ideas nunca se llevaron a la práctica. Ni siquiera se consiguió que aquello se convirtiese en un lugar libre de basura, ya que el punto limpio que se abrió muy cerca terminó siendo otro vertedero incontrolado que ahora se quiere cerrar tras años de abandono y falta de mantenimiento.
No sé qué pensarán hoy los que entonces creyeron que se iban a librar de la basura. El tiempo dirá si los que gobiernan son capaces de cumplir lo que prometen pero, desde luego, el asunto del tratamiento de los residuos urbanos no parece su fuerte. Solo hay que recordar que todavía están buscando una solución para el asunto de los contenedores subterráneos, que llevan años clausurados mientras se decide qué hacer con ellos.