Ya está aquí el nuevo curso y los padres superprotectores que haciendo oídos sordos a psicólogos, neurólogos y pedagogos, se empeñan en dejar y recoger al niño en coche a la puerta del colegio. No sé si es miedo a que se derrita si camina unos cuantos metros o le cae un poco de lluvia, o temor a que al ir andando aprenda a ser peatón o a orientarse en la ciudad y adquiera así herramientas para huir cualquier día de sus progenitores. Conste que defiendo que cada uno hace de su capa un sayo y tiene todo el derecho del mundo a idiotizar a su hijo como le venga en gana. Lo que ya no me parece aceptable es que esos mismos padres que se empeñan en parar lo más cerca posible de la puerta del centro pongan en riesgo a otros niños. No entro ya en los atascos que se organizan en el tráfico, obturando incluso varias calles porque los semáforos no sirven de nada cuando los carriles están taponados por coches aparcados en doble fila. Por cierto; es curioso que, gobierne quien gobierne, a ese mal endémico nadie quiere poner freno en esta ciudad. Pero volviendo al asunto de la seguridad infantil, me pregunto si esos progenitores no saben que nunca se puede parar en doble fila justo delante de un paso de peatones -en caso de urgencia, debe hacerse una vez rebasada la zona fijada para el cruce-, pero menos cuando quienes posiblemente vayan a estar usándolo son niños. Un coche en doble fila delante de esa zona de tránsito hace invisible a cualquier pequeño para el resto del tráfico hasta que no se ha rebasado la altura del vehículo. Por mucho que no sean sus hijos y que no los vayan a buscar en coche, también tienen derecho a ir seguros.