Que el dinero es importante lo sabemos todos. Es importante para comer, tener un techo, no perecer de frío... y hasta para conservar o conseguir una buena salud. Incluso para mantener una relación afectiva. Ya lo dice el refrán: cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. De esto último saben mucho en los Centros de Información á Muller de la provincia ourensana a los que muchas mujeres acuden con problemas económicos como carta de presentación bajo los que subyacen situaciones de maltrato o violencia de género de las que no se atreven a escapar precisamente por la falta de recursos. Para ayudar a romper esa prisión desde la Xunta han ideado un programa para ayudarlas a formarse y encontrar un puesto de trabajo. Dos millones van a invertir en el desarrollo de ese plan en toda Galicia. Bien está, porque la independencia económica y la entrada en el mundo laboral no solo ayudará a mejorar su calidad de vida en el día a día, sino a volver a sentirse dueñas de su destino, libres, a ampliar su vida social más allá de las paredes de la casa; en definitiva: a desarrollarse plenamente como personas. Pero ojo, el dinero solo no es suficiente. Para conservar ese trabajo que consigan necesitarán otros recursos para poder compaginarlo con la atención a sus hijos o mayores a su cargo. Y para que lo que ganen les permita de verdad vivir dignamente necesitarán no tener que gastar en abogados cada vez que el padre de sus vástagos «olvide» que tiene, al menos tanta responsabilidad de cubrir las necesidades de sus vástagos como ella. Si no se actúa en esos otros frentes, el trabajo, me temo, será efímero.