Ahora que los termómetros se disparan a los treinta grados en mayo. Ahora que ya sabemos que hay alguien en la administración que vigila porque en los parques infantiles no se lleve un calambrazo tu hijo -lo raro sería lo contrario, aunque se entiende que debe de ser una novedad cuando el Concello de Ourense lo publicita como un logro de gestión municipal- o que ya estamos más cerca de tener un gobierno que dirige el rumbo de España uno ya duerme más tranquilo por las noches. Ahora que sucede todo eso, lo siguiente sería que los políticos aporten un poquito de normalidad a su labor. Ya es momento de que el debate político no se centre en el partido de Champions del Real Madrid. Ya es momento de que los ourensanos no tengamos que perder un minuto de nuestro tiempo en pensar si el presidente de la Diputación de Ourense elabora su agenda política en función de los partidos de su equipo del corazón. Yo, llámenme iluso, no me lo imagino mirando el calendario de la Champions y devanándose los sesos buscando un acto oficial que convocar en Madrid, tal y como especulaba Jácome que hacía, cuando juega el Madrid. Aunque si les soy sincero del todo su respuesta me dejó con la duda: «Non tiña pensado acudir, pero ao escoitar a historia de Jácome decidín ver o partido, o primeiro ao que vou na tempada dun clube do que son abonado desde 2007». Alta política, vamos. La misma que se respiró el viernes en el Concello de Ourense, donde los que hasta hace poco estaban dispuestos a firmar un pacto -casi de sangre si me apuran- se dedicaron a lanzarse los trastos a la cabeza y a lavar los trapos sucios en público llamándose de todo menos bonito. Aunque para alarde de originalidad la del concejal de Medio Ambiente que, ante las sospechas de la oposición de un supuesto caso de enchufe de un familiar en la empresa concesionaria de la empresa de limpieza, se salió por la tangente y dijo que se había enterado del contrato por el ¡portavoz del principal partido de la oposición! Es un detalle que, al menos, no recurriera al discurso fácil de que la culpa es de la prensa. Lo dicho, un poquito de normalidad.