Maestros


Siempre que me preguntan si sé qué tal funciona un determinado colegio acabo señalando que con lo que hay que tener suerte es con el profesor. La oferta y las características del centro escolar influyen, sin lugar a dudas, en la educación de los chavales. Pero un maestro es una persona fundamental en tu vida. Para bien pero, sobre todo, para mal.

Conozco gente con la que compartí colegio y curso que rememora malas experiencias de años respecto a los que yo solo tengo buenos recuerdos. Supongo que fue suerte. Aunque también influirá mi capacidad para resetear.

Al final los colegios, que no dejan de ser un edificio, los construyen los docentes y su actitud es clave para que los niños aprendan a vivir.

Ahí están los casos de profesores que, a través de los contratos programa de la Xunta, buscan la excelencia, que no tiene nada que ver con los sobresalientes por cierto. En el Amadeo Barroso les enseñan a convivir. ¿Hay algo más importante? Vale que coreé en alguna ocasión «Que empiece ya, que el público se va». Pero en este colegio los niños están aprendiendo que no escuchar, burlarse de quien habla o silbar una actuación no son formas. ¿Quién quiere sobresalientes si saben eso?

Habría que preguntarse qué tipo de sociedad queremos si esas cosas -lo que a mí me decían que se llamaba urbanidad cuando era pequeña aunque yo me empeñase en decir urbanismo- se las tienen que enseñar los profes en el colegio a nuestros niños. A esta iniciativa solo le veo un defecto: ¿quién enseña a los padres (a algunos, vale, de acuerdo) que no escuchar, burlarse de quien habla o silbar una actuación no son formas?

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