Si empezaras antes, ahora no tendrías estos agobios. La frase que tanto escuché en mi época de estudiante, todavía resuena en mi cabeza cuando tengo trabajos pendientes de entregar y no consigo hacerlos llegar antes de que la bocina me esté sobre los talones. Y voy zafando así con el «sobre el pitido final» que siempre me ha caracterizado. Claro que como digo yo siempre, mis agobios en este caso son solo míos. De mi falta de previsión (y del caos de mi mesa) no dependen otras personas. No hay gente pasándolo mal porque yo sea desorganizada o porque a mí las musas se me aparezcan a medianoche (y no a las ocho de la mañana). Quizás por eso me justifico a mí misma, pero es que no arrastro a nadie. Lo que me parece menos fácil de justificar son los que arrastran a otros. Sobre todo cuando quienes producen esos agobios son las administraciones. Cuando hace dos años y medio se pusieron en marcha los GES, se sabía que acababan el próximo 31 de diciembre. Y a quince días de que venza el plazo, la firma del convenio de continuidad sigue pendiente. Vale que ya hay acuerdo, pero el papel está sin firmar. Jugar así con la tranquilidad de tantas familias (por no decir con la tranquilidad de toda la población que tiene cerca un servicio del que mejor no tener que hacer uso) me parece una falta de tacto. Y una irresponsabilidad. Y falta de profesionalidad incluso. Si los representantes públicos están para gestionar, que lo hagan. Que parece que solo sacan tiempo para estar en campaña electoral. Probablemente no se han dado cuenta de que los ciudadanos, si de algo estamos hartos, es de tanta campaña de palabras vacías.