Baltar, el PP y el cuento «El rey desnudo» de Andersen


Si Hans Christian Andersen no hubiese escrito en 1837 en su Dinamarca natal el cuento El rey desnudo hoy podría publicarse uno similar teniendo como inspiración la realidad ourensana. En el cuento danés, dos pillos hacen creer a un emperador y a todo un pueblo que fabrican una tela especial que tan sólo es invisible para las personas estúpidas. Aunque la tela no existía, todos la alababan, empezando por el rey, para que no les llamasen necios. El monarca salió con esa vestimenta en un desfile y la gente aplaudió el traje temeroso de que sus vecinos les tildasen de majaderos. El rey desfilaba entre vítores hasta que un niño dijo: «¡Pero si va desnudo!». Y ahí se acabó la estupidez. Esta semana nos deja en Ourense dos ejemplos que muestran la diferencia entre ficción y realidad, entre teoría y práctica. Uno es la declaración institucional de la Diputación con motivo del Día Internacional para la eliminación de la violencia de género en la que se incluyen frases como ésta: «A xunta de goberno quere manifestar a máis absoluta repulsa a calquera acto de violencia de xénero en calquera das súas manifestacións». Lo firman los mismos diputados y diputadas (que aquí el género tiene mucha importancia) del PP que impiden el debate de una moción del BNG sobre la denuncia de una mujer contra el presidente de la Diputación por ofrecer un puesto de trabajo en la institución a cambio de sexo. Y el otro ejemplo lo da el gobierno de Rajoy. El mismo día que recalca en declaración oficial que «el trabajo conjunto de Administraciones Públicas, Poder Judicial, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad? y sociedad civil es el método para alcanzar una sociedad libre de cualquier forma de violencia contra la mujer, garante y respetuosa de su dignidad y derechos», invita al presidente de la Diputación de Ourense, inmerso en un conflicto con una mujer, a disertar en Madrid en el Instituto Nacional de Administraciones públicas, dependiente del ejecutivo de Rajoy, sobre códigos éticos y gobiernos ejemplares.

Ahí están los prototipos de las dos caras, la oficial y la real. La del escaparate y la del interior. El presidente de la Diputación y el PP tienen sin respuesta la pregunta clave sobre la honorabilidad del político y la verdad de sus discursos teóricos en cuanto a la mujer: ¿Es suya la voz que le dice en sendas grabaciones a la chica que cambió sexo por la promesa de un puesto de trabajo público cosas de este tenor «yo te voy a solucionar el problema y ya está», «(en las notas) tú vas a sacar más», «te dije eso y yo voy a cumplir eso», «si tú quieres algo no la cagues, joder»?? La respuesta y la clarificación no llegan pero el protagonista, como si la cosa no fuese con él, sigue impartiendo cátedra ante el aplauso mayoritario de personas e instituciones que parecen revivir el cuento de Andersen. Todos ven al político íntegro, ético y transparente por miedo a perder sus favores o a dañar al PP. Y así será hasta que aparezca el niño del cuento que con su inocencia le abra los ojos a la sociedad y le explique la obscenidad de aplaudir y reverenciar a una persona con una grave acusación de inmoralidad a sus espaldas.

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