Anda una cierta cruzada en marcha por el control del horario laboral de los empleados públicos, como si por la conducta de una pequeñísima minoría los demás servidores públicos tengan que sufrir bajo una presunción de culpabilidad. En el ámbito del Ministerio de Defensa hace algunos años, el coronel de una unidad, titulado en psicología, se atrevió hacer un experimento con el personal militar y civil de su oficina. Simplemente no les puso horarios fijos sino objetivos a conseguir en el espacio semanal.
Que uno lo finaliza el jueves a la mañana y el viernes no tiene nada que hacer, pues va a la piscina, al pabellón de deportes o a la sala de idiomas. Que el personal prefiere cada día una hora a la mañana hacer deporte y luego dedicarse a sus tareas tampoco hay problema. Resultado a los dos meses: la gente estaba motivada, no hubo ninguna baja laboral, los resultados eran superiores a la media de otras unidades similares. Pero como después el coronel ascendió a general, y el sustituto procedía de paracaidismo, todo volvió a la normalidad burocrática habitual con horarios fijos de oficina, fichar al entrar y salir, control regular de la presencia física en sus respectivas oficinas, control del gasto de llamadas etc. Consecuencia: volvieron las bajas, la frustración, la apatía?. habrá que meditar que se pretende con la manía controladora.