Lo del COB es inexplicable

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa DESDE MI BARRIO

OURENSE

Tras meses de intenso culebrón se resolvió, al menos eso parece, el enigma de Club Ourense Baloncesto. Habrá ACB, pero más tarde. No seré yo quien lleve la contraria al presidente Gavilanes cuando dice que la solución tomada es la menos mala, pero hasta el mismo tiene que reconocer que lo logrado sabe a premio de consolación. A cientos de ourensanos, que se dejaron la piel durante la pasada temporada y a los que se sumaron a última hora en los play offs, se les ha quedado cara de tontos. Se habían creído todos los argumentos explicados por la directiva de que Ourense era ciudad de ACB. Confiaban también en la mano dura del Consejo Superior de Deportes para hacer pasar por el aro a los clubes que se amotinaron en asamblea, hasta por dos veces, para negar la entrada en su selecto club a un equipo de provincias. Negaron con la cabeza cada vez que el presidente de Fuenlabrada hablaba de fallos en la auditoría y hasta de presentar los papeles fuera de plazo. Si era de justicia, ¿por qué el COB no juega ya esta temporada en la ACB? ¿Por qué si el club tenía todas las de ganar en la batalla judicial se ha optado por un medio acuerdo que deja la sensación de que no se hicieron del todo bien las cosas? Sin embargo, lo más difícil de este acuerdo es explicarle a las decenas de niños que van al Pazo que en el baloncesto español casi lo de menos es lo que pasa en la pista. Lo sabemos ahora por el ascenso en diferido, pero también por las salvaciones en los despachos. Lo del COB y el baloncesto es inexplicable.