Pónganse cómodos. Acaba de comenzar la andadura de las nuevas corporaciones municipales y en la capital ourensana ya se vislumbra lo que puede ser el espectáculo con el que los nuevos (y viejos) representantes ciudadanos, nos van a deleitar durante los próximos cuatro años. Y digo cuatro años porque, aunque el líder de Democracia Ourensana logre conquistar a algún aliado para cumplir su amenaza de censura, me temo que el cambio de gallo no apaciguará al gallinero, con perdón por el símil. Decía lo del espectáculo porque el denominado pleno de organización, ese en el que se fijan cuestiones tan importantes para el ciudadano como lo que va a salir de las arcas municipales para compensar el esfuerzo de los recién elegidos concejales de gobierno y oposición en su dedicación a la cosa pública, ya apuntó maneras de show desquiciante. Unos votan en contra de la propuesta del PP con el sesudo argumento de que como solo se bajan el sueldo los del gobierno, hacen que ellos (en la oposición) queden mal ante la opinión pública. Eso sí, dos días antes, sospechando que la rebaja les afectaría, ya habían advertido que se les quería perjudicar. Otros rechazaron la propuesta porque, aunque el alcalde se rebaje el sueldo, les parece que todavía sale caro. ¿Que cobrará menos que quien fue su compañero de filas y ostentó el cargo hasta hace dos semanas? Bueno ¿y qué? De eso ya nadie se acuerda y agua pasada no mueve molino (o algo así). Ahora estamos en la oposición y toca oponerse a todo, sea o no coherente con lo hecho o dicho.