Extramuros: vértices de la ciudad

Paisajes urbanos de Mila Vázquez en Galería de Arte Visol


ourense

«La forma que se ajusta al movimiento no es prisión, sino piel del pensamiento». Octavio Paz. La galería de arte Visol presenta Impresiones de Mila Vázquez, comisionada por Cristina Carballedo. Una colección de 20 acrílicos, tintas y acuarelas donde reproduce imágenes de la arquitectura contemporánea producto de la sociedad industrial, con sus interiores fabriles y febriles, envueltos en la grisalla del humo y del abandono. Con sombras de paisaje en las masas cromáticas que se perfilan, a modo de gesto, chorreo y goteos, en los barnices de las técnicas mixtas en una construcción del espacio perspectivo y tendente a la arista dura y geométrica, definiendo profundas fugas ventrales hacia el infinito.

Protagonista es el dibujo de gruesa línea de contorno oscureciendo y delimitando espacios y volúmenes, con zonas de luz y sombra de alto contraste y zonas intermedias que insinúan la presencia de objetos amontonados y olvidados en la penumbra. Las chimeneas de las fábricas vuelcan niebla de incendio en el paisaje roto. El espacio natural apenas se atisba en el espejismo inclemente de la arquitectura humeante como un coloso grisáceo que abre su único ojo, ciclópeo y terrible desde su desván de nubes. Trenes que van y vienen de ninguna parte. Porque al final, todas las ciudades son la misma con distinto nombre. Son las vías, estaciones, lugares y no-lugares, zonas de tránsito, punto de partida y reencuentro y punto y final de afectos y olvidos? Vagones cargados de ilusiones, en su maleta de sueños, de amor o de rabia, de frustraciones, de pensamientos y recuerdos que se aplastan como el paisaje contra el cristal de la ventanilla entre cadáveres agonizantes de insectos que fueron voladores.

Terrosos y grises se iluminan con manchas de sol y azul en exteriores, blanco en equilibrio y carmín, en visiones amables de zonas de mar que segregan el paisaje, aun siendo este de carácter industrial en sus dentadas cubiertas, en sus muros de contención y esqueletos metálicos. Los fuertes empastes marcan en el soporte la huella de la espátula en la densidad de las capas cromáticas, desplazada en otras composiciones por goteos temperamentales sin otra textura que la mancha inacabada e impresionista que el espectador cierra, configura y completa en su cerebro.

Las tintas marcan un minucioso interés por el detalle a modo de impresiones fotográficas traspasadas al papel. Mila descentra el núcleo del cuadro con una composición asimétrica y atrevida que dinamiza el espacio que pasa de lo concreto de la realidad a límites borrosos de perfiles invisibles que se convierten en espacios alucinantes, visionarios y abstractos en síntesis del lugar real y un espacio sináptico. Un espacio en blanco y figurativo, irreal y discontinuo por la violencia del escorzo de los objetos en profundidad y una gama cromática que los aproxima (rojizos, sepias) o aleja (azules, fríos) desmaterializando los volúmenes. El paisaje industrial de Mila remite a «las máquinas para habitar» de la fase mas purista del racionalismo de Le Corbusier en el juego que establece con los volúmenes transformados en geometría básica -plano, cubo, cilindro- y las superficies lisas y planas, trabajadas con la pulcritud de la pincelada suelta o con la rugosa textura de la espátula y el empaste acrílico, alterando la sensación de gravedad en las formas austeras de impresión ascendente y transparencia opaca como los rascacielos de Mies van der Rohe. La figuración desaparece a favor del ritmo gráfico, en la materia densa, luminosidad vitalista, en rasguños, goteos y decapados. Las imágenes de la ciudad contemporánea tras la Segunda Guerra Mundial se generalizan apareciendo premisas en el expresionismo abstracto de Willen de Kooning, pintores del grupo Bay area figurative movement Richard Estes, Hooper o Antonio López, desde el fotorrealismo o hiperrealismo; Ricardo Galán, Urban landscape, o Isabell Seidel, Urbansketcher. «Las chimeneas vierten su vómito de humo a un cielo cada vez más lejano y más alto, por las paredes ocres, se desparrama el zumo de una fruta de sangre, crecida en el asfalto?» J. Sabina.

crítica de arte

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