Prudencio Donado acaricia la jubilación en el colegio Maristas, donde atesora una veintena de años como profesor de Filosofía. Una de sus grandes luchas como docente es la ecología. Lo ha demostrado con su activismo en el proyecto Voz Natura y lo confirma en cada palabra de esta conversación entre pupitres con su antiguo alumno, el presidente del Círculo de Jóvenes Empresarios, Lois Babarro (Ourense, 1979).
El problema hoy, reflexiona, «es el principio de desertización; como naturaleza, con los incendios y la destrucción, y en la sociedad, con el crecimiento del egoísmo, que lleva a la corrupción. Esto se nota también en las aulas y como educadores tenemos la responsabilidad de mantener los valores».
Con Lois Babarro el profesor Prudencio respira tranquilo: «No le recuerdo alma de empresario pero sí una capacidad de trabajo envidiable y muy bien organizado en su trabajo; era una buena persona, un muchacho educado en valores humanos, y espero que los mantenga en la empresa porque humanidades y parte empresarial, dinero y cultura, se pueden combinar perfectamente».
En la época de Lois, recuerda Prudencio, a mediados de los noventa, había valores humanos: «Lois destacaba pero era una característica de la sociedad, generacional. Eso delata el cambio de generación; hoy a los alumnos parece que solo les preocupa tener buenos resultados con poco esfuerzo, sacar nota».
Más allá de los piropos, Lois se acerca a la postura de su profesor: «La Filosofía, bien entendida y bien explicada, es fundamental; hoy se ningunean las humanidades, por eso esta crisis de valores. Pero a veces el análisis se hace incompleto. La sociedade señala a los ninis pero, ¿tú cómo has educado en casa? ¿qué responsabilidades tiene la familia? Y la sociedad, ¿qué oportunidades le ha dado a la gente?».
El profesor Donado se autodefine como «muy revolucionario, muy de huelgas», en una imagen en la que Lois no lo reconoce: «Desde luego, en clase no era así; fuera creo que es necesaria cierta tensión social, son necesarios los idealismos».
«Es triste -dice Prudencio-, ya no los recortes en dinero, sino en contenidos. La Filosofía,y las humanidades se han arrinconado completamente en favor de lo economicista, del dinero. Nos han hecho esclavos de las programaciones, de los contenidos, de qué hay que enseñar. Hay que rescatar la educación en la creatividad y la imaginación. ¿Cómo se hace eso? Tal vez rescatando Filosofía, Literatura, Lengua. En las nuevas empresas muy probablemente empiecen a pedir gente con imaginación en vez de tecnócratas».
Enseñar a seleccionar
El gran cambio aún no asumido, abunda, es sustituir programación por selección: «Con internet, hoy ni diez vidas llegan para leer lo que se escribe de tu especialidad. Hay que enseñar cómo leer, cómo investigar, no enseñar a chapar ni hacer apología de la memoria».
Ahí tiene algo que decir Lois Babarro: «Siempre hemos echado en cara a la universidad que hay excesiva teoría. La vida es actitud, no teoría, no solo conocimientos, no las matrículas de honor. El mundo es global. A mí la empresa me aporta algo que no aprendí en la Universidad y a mi edad creo que tengo todo por aprender, yo no soy de sofá, creo que hay vida más allá de la play station y la interacción humana es fundamental».
La interacción y la reflexión: «La Filosofía puede ser una asignatura solo de chapar o que ayude a reflexionar y de Prudencio tengo un gran recuerdo como educador», apunta Lois. «Mi gran ideal como profesor -sentencia Donado- ha sido crear ilusión. Hay que dar escaleras y enseñar a volar una vez que se sube a la cima. Más importante que transmitir es enseñar a comprender».
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