Director de una empresa de joyería de día, promotor musical de noche
10 mar 2014 . Actualizado a las 07:20 h.No es un hombre de verdades categóricas ni vocaciones inamovibles. Con apenas 18 años la música metal que escuchaba su compañero de piso le parecía un latazo. Por aquellos tiempos también quería ser médico. Pero Iván Nieto tiene una capacidad innata para readaptarse a las circunstancias sin obcecarse en los contratiempos. Cuando se lesionó la rodilla y dejó el baloncesto decidió que no merecía la pena operarse y volcó la misma pasión que había puesto en el deporte a crear un festival con componente solidario que cumple ya cuatro ediciones.
-¿Es un empresario vocacional?
-No se puede decir que fuera mi vocación de siempre, pero ahora mismo estoy muy a gusto. Cuando tienes 18 años y estás estudiando COU tienes que decidir ya qué quieres hacer el resto de tu vida, y con el tiempo te vas dando cuenta que es demasiado temprano. En mi generación era casi obligado que había que hacer una carrera y al principio me pareció que medicina era lo que gustaba, pero como no me daba la nota entré en veterinaria. Hice dos cursos pero no me encontraba cómodo; luego me pareció interesante Informática, pero me di cuenta de que tampoco era lo mío. Al final opté por empresas porque me parecía que tenía unas posibilidades amplias, y la verdad es que la carrera me resultó fácil.
-¿Resulta cómodo trabajar en un negocio familiar?
-Estoy muy bien y estoy por elección. Reconozco que tiene pros y contras. Yo acabé la carrera trabajando ya en el negocio familiar, porque como tenía una flexibilidad horaria amplia podía compatibilizar trabajo y estudios. Después quise probar suerte fuera, conocer otra perspectiva. Trabajé en una auditoría, luego en una asociación empresarial y después en otra firma como responsable de márketing en la que estuve muy poco porque en ese momento, en el que tenía otras tres ofertas encima de la mesa, fue cuando decidí que quería volver y ayudar en el negocio familiar. Eso fue en el 2006 y no me arrepiento.
-¿Y no le gustaría dedicarse en exclusiva a su faceta musical?
-Bueno no es algo que descarte a largo plazo, igual si me toca la Primitiva..., quien sabe! Igual me dedicaría profesionalmente a organizar conciertos porque es verdad que me gusta y quizá sea una vocación tardía. Pero de momento me encuentro muy cómodo haciéndolo como hobby, y además como no pretendo vivir de ello ni busco rendimiento económico, lo disfruto.
-¿La subida del IVA cultural le ha afectado?
-No en mi caso, porque yo no me dedico a esto de forma lucrativa, pero a las empresas que viven de esto, como las propias salas, les ha afectado muchísimo. La subida ha sido bestial, máxime cuando la situación de la gente es la que es y el público tiene menos dinero en el bolsillo. La gente prioriza y primero es comer.
-¿Cómo se mueve un festival desde esa faceta no empresarial?
-Si no fuera por las redes sociales, posiblemente no sería posible. Son el elemento promocional de los pobres. El 70 % de la promoción del festival llega al público y a las publicaciones especializadas gracias a Facebook y otras redes. Pero también es verdad que las muevo mucho, y además de las noticias, organizo concursos y sorteos.
-¿El uso de redes sociales es rentable para cualquier empresa?
- Yo creo que en la red no hay que estar por estar. El tema de las redes es lo mismo que pasó en su día con las páginas web, que todo el mundo tenía que tener una porque sí. Yo entiendo que dependiendo del tipo de empresa interesa más o menos estar en ellas, pero de hacerlo, hacerlo bien. Y si no puedes cuidarlas tú, tienes que tener a alguien que lo haga. Hay que aprender a sacarle rendimiento, estar pendientes e interactuar con la gente, y si hay alguna queja, saber atenderla porque por estadística un cliente insatisfecho se lo cuenta a más gente que uno satisfecho.