Entre la operación Pokémon y los reproches a jueces y fiscales

La división en el PSOE y la ruptura con el BNG marcan su primer año


ourense / la voz

Las expectativas de Agustín Fernández Gallego han ido variando desde aquel palpable pero lejano 10 de octubre del 2012. Funcionario de la zona más alta en el escalafón de la Administración del Estado, hace un año que se convirtió en alcalde de Ourense con funciones de bombero, al ser el único de los diez representantes del PSOE con posibilidades para enfundarse ese traje. En doce meses le ha pasado de todo, pero ahí sigue, cicatrizando unas heridas, mientras se abren otras. Y eso dice mucho de su antecesor, Francisco Rodríguez, que sabía mejor que nadie con quién contaba y que, en el mejor de los casos, tenía entre los suyos dos candidatos, dos, para pasarle la vara de mando. Lo eligió a él y, por ahora, el tiempo le está demostrando que acertó.

El giro del BNG

De socios a enemigos. Fernández Gallego decía hace un año que esperaba seguir en el gobierno con el BNG. Mal podía suponer que no solo no renovaría pacto, sino que sus exsocios nacionalistas, reconvertidos en dura oposición, acabarían levantando la mano con los concejales del PP para reprobar su gestión. Lo salvaron en mayo en el primer envite, cuando discutían el mejor modo de combatir la resaca de ron y ginebra, pero lo abandonaron a su suerte solo un mes después. El 7 de junio, nacionalistas y populares «reprobaron» su gestión. No sirve de nada tal acuerdo, no pasa de ser una declaración para la galería, pero marca el antes y el después. Se evaporaba cualquier ensoñación para recomponer el bipartito. PP y BNG ya habían votaban juntos en un asunto de calado estrictamente político. Punto y aparte.

los escándalos

Contratos y ginebra. Una de las primeras decisiones que debía tomar el nuevo alcalde era nombrar personal de confianza. En la lista estaba su hija María, con puesto en el gabinete de comunicación, designada por Francisco Rodríguez, su antecesor hasta que la Pokémon se lo llevó por delante. Era una de sus primeras pruebas. Como si tal cosa, firmó. Defendió que es un nombramiento eventual y discrecional, y se enrocó. Paciente, dejó pasar la tormenta. Igual que hizo con la historia del ron y la ginebra, uno de los episodios más penosos de la vida política ourensana reciente. Poco presentable resultaba constatar que el grupo socialista hubiera incluido en sus cuentas, hasta entonces opacas, tiques de supermercado con botellas de ron, ginebra y whisky, cuyo destino confesado eran un par de fiestas privadas con Francisco Rodríguez. Desde el inenarrable «¿pedir perdón de qué?», con el que Áurea Soto defendió el gasto, solo porque era legal, hasta la demanda del BNG de que «alguén terá que irse para a casa», el ron y la ginebra dieron para más de una noche.

La ayuda a domicilio

Respaldo absoluto. Seguramente por casualidad, el aniversario de la toma de posesión ha coincidido con un auto del juez Antonio Piña que ilumina el caso de la ayuda a domicilio. DO y PP no han dejado de empujar, pero el alcalde en todo momento ha mantenido un inquebrantable apoyo a Marga Martín. El juez, en un auto-linterna que es bastante más que un aviso para navegantes, pinta los bordes de los delitos de estafa y malversación, y esboza prevaricación y tráfico de influencias. Como si nada. Al alcalde le basta para salir del paso con que no es un auto formal de imputación, que no lo es, lo cual le ha permitido ganar tiempo, desviar la atención y reclamar del juez que agilice la instrucción.

la guerra fratricida

Las dos facciones del PSOE. La actitud ante la Pokémon dio visibilidad al cisma interno en el grupo municipal del PSOE. En teoría, uno, aunque dividido entre el entorno más próximo de Francisco Rodríguez (la herencia que aceptó Fernández), los paquistas, que pretendían ganar la batalla de la imagen en la calle, y quienes, pachistas, aprovecharon para pasar facturas atrasadas de agravios y menosprecios. Conseguir que todos apoyaran a Agustín Fernández Gallego costó no pocos esfuerzos. Dieron su voto al nuevo alcalde, pero ni un café comparten. Entre los recelos arrastrados del mandato anterior y las heridas de la Pokémon, la ruptura es irreversible. Susana Bayo, entonces miembro de la ejecutiva de Pachi Vázquez, provocó el escándalo del ron y la ginebra al pedir por registro, como quien solicita licencia para abrir un bar, las cuentas de su grupo. Al alcalde le hubiera gustado destituirla, pero hizo justo lo contrario de lo que deseaba y dio más protagonismos a los compañeiros del sector pachista.

Propios y ajenos

Las cuentas y los conflictos de personal. Si no fuera por el borrón de los presupuestos, que han sido cosa suya y siempre los presentó fuera de plazo, podía escudarse en la herencia recibido y trasladar la responsabilidad a otros, aunque fueran suyos y lo hiciera en voz baja. Pero no. Deja asomar un punto de culpa, pero defiende lo que sea.

Y si no dobló al nombrar por decreto el personal de confianza, aun sabiendo de la incomodidad del sambenito del nepotismo, la acumulación de conflictos en el área de personal tampoco lo arredró. El caso de Carmen Rodríguez Dacosta, la directora xeral de recursos humanos, es de lo más llamativo. Contestada por medio grupo socialista, que ni votó su nombramiento en junta de gobierno, censurada su gestión por la Abogacía del Estado y por los jueces, Fernández Gallego la defiende y la mantiene. O porque cree realmente en ella, porque le sirve de parapeto y los palos no llegan hasta el despacho principal de la casa consistorial, o porque empieza a prestar interés a las cosas de la fontanería y el maniobreo partidista.

crónica agustín Fernández gallego, un año como alcalde

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