El fiscal pide seis años de cárcel por la presunta venta que hacían en un bar
09 may 2013 . Actualizado a las 07:15 h.Solo uno de los cuatro acusados de tráfico de cocaína reconoció su participación en el comercio ilícito en el primer día del juicio que ayer comenzó en la Audiencia Provincial. José Manuel L. G. fue detenido el 29 de junio de 2009 cuando salía de un local suyo, Orenluz, ubicado en la avenida de Portugal de la capital ourensana. Encima llevaba dos envoltorios, uno con 7 gramos de cocaína y otro con 9,6. En el registro del establecimiento, la policía encontró al día siguiente una bolsa con 32,8 gramos de la misma sustancia.
Este acusado reconoció que él pesaba y empaquetaba la coca. Aseguró que otro acusado, Manuel M. R., se la dejaba en un armario de la cocina del bar El Cafetal, que regentaba María Belén R. C., otra coacusada. José Manuel implicó, ya en su primera declaración tras ser detenido, a ambos en el tráfico y dijo que el único beneficio que él obtenía por el transporte de la sustancia era coger algo de droga para su consumo personal.
Los demás acusados negaron tener que ver con la venta de la sustancia. Manuel aseguró que acudía a El Cafetal porque allí trabajaba de camarera su pareja Pilar S. G. , también coacusada, y para ayudarla a hacer los menús del mediodía porque ella estaba embarazada. Aseguró que nunca vio droga en el local. Sobre una llamada que grabó la policía, alegó que se trató de avisar a un cliente habitual de que no fuera a comer porque la pareja no estaba en Ourense. Y sobre otra en la que presuntamente se empleaba «edredón» como palabra oculta para referirse a la droga, señaló que efectivamente había encargado unos edredones infantiles a un comerciante conocido porque iba a tener un bebé. Luego declaró Pilar, la camarera, que primero trabajó en el bar de José Manuel y luego en El Cafetal. Dijo que nunca vio vender droga en el bar y confirmó que habían comprado un edredón para su hija recién nacida. La acusada Belén R. C., arrendataria del bar sospechoso, corroboró la versión de que le había dado a su socio José Manuel un dinero que les correspondía a medias por tener una máquina tragaperras. Negó haber pedido a este que llevase droga. Las conversaciones telefónicas intervenidas entre ambos socios para que José llevase monedas pequeñas a El Cafetal eran, dijo, porque efectivamente necesitaban cambio.
Otros testigos declararon no haber visto venta de droga en el bar. El juicio continúa hoy.