Trabajo

Miguel Ascón L

OURENSE

os chavales que aparecen en esta página -un poco más abajo de estas líneas y a la izquierda- probablemente ni se acordarán de Manuel Fraga como presidente de la Xunta. No les culpo porque yo a su edad tampoco conocía a sus predecesores en el cargo más que por vagas referencias. El caso es que pasó el tiempo y quien empezó como presidente autonómico cuando yo tenía poco más de diez años, seguía siéndolo cuando, ya más crecidito, empecé en esto del periodismo.

Gracias a su longevidad política, tuve la suerte de asistir a varios actos públicos de Fraga aún como máximo responsable del gobierno autonómico y nunca me olvidaré de uno de ellos. Es una anécdota muy parecida a la de otros periodistas porque su puntualidad es famosa, pero esta es mi experiencia. Yo, inexperto en todo, calculé mal el desplazamiento y llegué con el tiempo justo a la inauguración de una empresa en el polígono industrial de O Barco. El acto no solo ya había comenzado, si no que estaba casi terminando. Aunque, como en todo, en eso también había una solución, en ese momento pensé que se me caía el mundo encima.

Quiero creer -porque estoy convencido de que el rencor no sirve para nada- que todo el mundo puede enseñar algo a los demás. Y a mí Manuel Fraga me enseño a ser puntual. Pero es que, si Fraga era puntual, es por su incuestionable espíritu de trabajo. Y esa virtud es la enseñanza que espero sinceramente que perviva de él.