El doctor García Buela, fallecido esta semana, descubrió el origen de la intoxicación por aceite de colza, que afectó a decenas de valdeorreses
15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.El lunes fallecía Andrés García Buela, el doctor Buela como le conocían en Valdeorras, un hombre cuyo nombre traspasó fronteras hace ya tres décadas cuando fue fundamental para saber que la intoxicación que sufrían más de 20.000 personas en España era debido a una intoxicación por aceite de colza. De esa cantidad, la mayor parte de los 43 afectados declarados en Galicia pasaron por su consulta en O Barco. Además, él fue el responsable de la unidad de seguimiento creada en el hospital comarcal.
Todo comenzó en 1981. Cada quince días llegaba por los pueblos un camión, procedente de León, vendiendo aceite (del que se hacía creer era de oliva) a buen precio. Eran garrafas de cinco litros, con un aceite negruzco. Servido a domicilio y más barato que en el supermercado, estaba hecho. Aquí y en el resto de España. Así que la gente empezó a comprarlo. Y a consumirlo.
Pronto comenzaron a producirse las primeras intoxicaciones, las primeras muertes. Durante meses se especuló con el origen. Se determinó que tenía que ser algo alimentario, pero hubo muchas teorías. Se hicieron muy famosas en aquel momento las palabras del ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof, que apoyaba la teoría bacteorológica y había dicho que «es un bichito que, si se cae de la mesa, se mata». No pocas discusiones le valió el tema al doctor Buela, que defendía que «sabía que era de la salsa, estaba seguro», recordaba en 2010 en una entrevista en La Voz. Ponencias, simposios, investigaciones, meses de trabajo (y muchas noches sin dormir) hasta que se dio con el verdadero culpable. Y en todo ese tiempo, la gente había seguido consumiendo el aceite.
Sin remedio
La investigación tardó un año en determinar que el origen de la intoxicación estaba en el aceite, que era de colza desnaturalizado con anilina y al que se le añadían unas gotas del de oliva. Se trataba de un aceite industrial no apto para el consumo humano que incluía un agente tóxico para el que la ciencia no supo encontrar remedio.
Así que la medicina únicamente pudo aplicar métodos paliativos para los diversos síntomas, todos ellos poco agradables. Dolores musculares (por la pérdida de masa muscular), cansancio, problemas respiratorios, falta de sueño, calambres... eran algunos de los sufrimientos que padecieron (y padecen) los afectados; que se volvieron fácilmente reconocibles por sufrir una extremada delgadez.