Buenas tapas entre amigos

c. paradela O CARBALLIÑO / LA VOZ

OURENSE

La churrasquería tapería Gelo esmera, día a día, su atención al cliente

15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Los padres son Rogelio Rodríguez y Rosalía Rodríguez García y el hijo Ramón Rodríguez Rodríguez.

Edad

Tiene 54, 48 y 24 respectivamente.

Hosteleros.

Son los Rodríguez. El santo y seña de la churrasquería tapería Gelo, con locales en la rúa Perfectino Viéitez y el Calexón da Mina. En ambos negocios esmeran a diario, menos el martes, el día elegido para el merecido descanso semanal, la atención a sus asiduos. No en vano Rogelio Rodríguez Hermida, Gelo, asegura: «Más que clientes son amigos» y su fidelidad lo demuestra. Y es que son ya 17 años lidiando en el sector de la hostelería en O Carballiño.

Primero en O Pequeno Mundo, en la rúa Conde Vallellano, después en el Nené, en la calle Aldara, y en la actualidad ya en la churrasquería tapería que lleva el nombre del patriarca familiar, una institución gastronómica en la villa. Además, fue el pionero en servir el pincho caliente con el vino en el municipio.

Detrás hay aún mucha más experiencia en el sector, la que acumuló durante diez años al frente del cámping municipal de Leiro, su concello natal. Desde 1983, un año después de contraer matrimonio con Rosalía Rodríguez García (Ribadavia, 1963), comparte esfuerzos: «Desde el 24 de diciembre del 83», precisa Rosalía ella.

A su dedicación profesional se han sumado, los dos hijos, Rosalía y Ramón, que compaginan además sus estudios con la atención al negocio familiar, sobre todo, durante los fines de semana en los que asumen la mayor parte del trabajo del comedor del Calexón.

Ramón Rodríguez (Ribadavia, 1987) estudia en Ourense técnico de farmacia y parafarmacia, en el colegio de formación profesional Santo Cristo. Trabajador él, le resta horas de diversión a sus noches de viernes y sábados por atender, como merecen, a los clientes que cuidan desde hace años sus padres ofreciendo churrasco, quesos y embutidos de calidad, al igual que una selecta carta de vinos. Es el ejemplo que recibió, y le siguen mostrando hoy, sus padres.

De momento, seguirá con la apuesta familiar, en la que su cuatro pilares mantienen las cuatro letras del establecimiento, Gelo. «Siempre viene bien trabajar para poder tener mis vicios o comprar la comida a mis perros (Bron y Lía, dos dóberman pinscher mini que siempre le acompañan)», reconoce el más joven de la casa.

Y es que ir al Gelo es disfrutar ante una buena copa y mejores platos de la charla entre amigos y de la confianza de sentirse, realmente, como en casa.

Por eso pueden presumir, si quisieran y aunque no lo hagan: «De tener una clientela fija y muy fiel, de años, son de chapeau. Más que clientes son amigos», dice Gelo. Y es que el abanico de incondicionales de la churrasquería abarca todas las edades y casi todos los gustos, con la garantía de estar siempre bien atendido.

Una serie de condicionantes que les hace no resentirse especialmente de la crisis económica, después de un susto el verano pasado cuando un incendio les obligó a cerrar durante dos meses. La espera mereció la pena para sus incondicionales.