ecía ayer en La Voz el director general de Tráfico, Pere Navarro: «Detrás de cada accidente hay un drama». En Ourense hoy hay dos dramas. Dos dolorosos dramas. La suerte, que es tan esquiva con la provincia tantas veces, volvió a cebarse con ella segando la vida de dos de sus vecinos en sendos accidentes de carretera. De nuevo Ourense en primera línea de los telediarios de España por el triste récord de haber contabilizado los dos primeros muertos en carretera en el largo puente de la Constitución. Es el sino de lo irreparable. De lo que demasiadas veces nos parece inevitable. Y en cambio son evitables. Como también decía el responsable del tráfico en España, en la última década, con el permiso por puntos, los radares, la reforma del Código Penal, la fiscalía de Seguridad Social y las campañas informativas, entre otras medidas, se ha logrado que las estadísticas bajasen casi un 50%. Pero todavía se contabilizan 2.478 razones para seguir luchando. Y en Ourense, desde ayer, otras dos para pedir prudencia, tanto a los conductores como a sus acompañantes, porque se sabe que la prudencia es la madre de todas las ciencias y que, en el caso que nos ocupa, ingrediente imprescindible para que los dramas de las muertes de jóvenes en la carretera cesen en la vida real y se mantengan, tan solo, en la imaginación de los literatos. Ojalá que la resignación no nos haga bajar la guardia en la lucha contra estos dramas. Eso sería caminar por la senda contraria a la exitosa que llevamos durante la última década.