o hace tanto que en las elecciones autonómicas del 2009 el voto emigrante le dio un diputado más al PSOE de los que había obtenido gracias a los sufragios emitidos por los ourensanos residentes en la provincia. Unos votantes con escasa información -algunos incluso sin haber pisado nunca Ourense- acabaron alterando la decisión de quienes viven todo el año aquí. Por eso, no me parecen mal los nuevos requisitos que se les exigen a los emigrantes para poder participar en las elecciones. El voto rogado y la obligación de incluir una identificación, además de la certificación censal, han reducido notablemente la participación de los emigrantes en los comicios del 20-N. Tanto, que los 3.104 votos escrutados ayer del CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes) representan solo un 20% de los más de 27.000 que llegaron del exterior en el año 2008. Sus sufragios no podrían tener, por tanto, ningún impacto en los resultados totales de las elecciones a menos que el 20-N hubiese acabado muy ajustado. Y no es el caso.
La escasa participación de los emigrantes en estos comicios debería hacer reflexionar a los políticos. Dar marcha atrás para facilitar su voto daría lugar a irregularidades como las detectadas en otras convocatorias, cuando llegaron sufragios de personas ya fallecidas. Quizás lo más adecuado sería suspender su participación en las elecciones o, en último caso, crear una circunscripción electoral específica para los emigrantes.