Riesgos

Marta Vázquez A

OURENSE

nadie se le escapa que en cuestiones de seguridad vial, los mayores son un colectivo de riesgo. De ahí que de un tiempo a esta parte las autoridades, empeñadas en aleccionarnos alegando que es por nuestro bien, se empeñen en montar iniciativas para que los que peinan canas aprendan a comportarse en carretera. Que si deben caminar por el lado correcto de la calzada, que si tienen que ponerse el cinturón, que si deben evitar ese último vaso de vino antes de ponerse al volante...

No seré yo la que niegue a haber visto a un paisano con muletas cruzar un paso de peatones en rojo pero en favor, tanto de ellos como de todos, diré que de un tiempo a esta parte todo lo relacionado con la seguridad vial se centra siempre en los mismos. Nosotros.

A estas alturas sabemos que el cinturón salva vidas, que el chaleco reflectante nos protege de que nos arrolle un autobús si caminamos por la noche y que si pisamos mucho el acelerador la cosa puede ponerse fea. Lo sabemos.

Y seguro que no está mal que nos lo recuerden pero lo que no tengo tan claro es porqué, a la hora de buscar responsabilidades, se mira siempre al mismo lado. Y pongo un ejemplo. Este año se han contabilizado casi cuatrocientos accidentes de tráfico provocados por animales. Sé que darle una charla al jabalí para que circule por el arcén no es factible pero, si en este caso no se puede culpar al conductor, que ya bastante tiene con pagar los daños, ¿no hay nada que pueda hacer la Administración para evitarlos?