¿Un proyecto o un señuelo?

Antonio Nespereira

OURENSE

ecesariamente tenemos que hacernos descreídos y desconfiados. O nos hacen poner sordina a cuanta promesa nos traen sobre un futuro supuestamente prometedor. En marzo un despliegue de políticos prometió que Ourense sería la sede de una fábrica inglesa de nombre Xero que fabricaría vehículos eléctricos para todo el mundo. Conviene hacer un pequeño repaso a lo sucedido antes de formarse una idea de lo ocurrido. Se habló de 26 millones de euros de inversión, una factoría de 100.000 metros cuadrados que produciría 20.000 vehículos al año y daría un millar de puestos de trabajo gracias a una subvención de once millones de euros de la Xunta. La planta se montaría en Melón pero no había terrenos, iba a poner a rodar los prototipos en mayo pero solo había una maqueta del proyecto. Luego no sería Melón, sino que se barajaba Cea, A Merca o Vilamarín. En agosto la empresa y los políticos se reúnen con empresarios ourensanos a los que le piden seis millones de euros para entrar en el capital. Éstos, escamados, dejan pasar la invitación. La empresa amenaza con irse a Malasia si no hay apoyo en Ourense. El énfasis de la Diputación se enfrió, en Vilamarín no han vuelto a saber más nada del proyecto y la Xunta mira para otro lado. Puede que sea todo un cúmulo de azarosas casualidades para que todo esté enfangado, pero más parece un ejemplo más de turbios manejos que juegan con la ilusión de una provincia con más de 20.000 parados.

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