urense a la cola. En lo que ingresan sus pensionistas, en recibir inversiones públicas, en población... Lo bueno parece que a veces se salta la provincia. En cambio, lo malo, llega en AVE directo (ya construido). El paro vuelve a hacer mella entre los ourensanos y la cifra aumenta. Y lo peor, ¿hacia dónde va? Porque la llegada del otoño no augura mejores pronósticos. En Valdeorras, donde se vive de la pizarra, el sector siempre baja producción en los meses más duros del invierno. Es lógico, porque ¿quién va a destejar su casa cuando llega el frío? Pero a eso se une la preocupación del sector por cómo se comporten los mercados de Francia y Alemania. Que lo que pase en el país de Sarkozy o en el de Merkel tiene influencia directa en lo que van a poder (o no) poner sobre la mesa los vecinos de Casaio, o los del Trigal, o los de otros muchos pueblos que viven casi exclusivamente de la piedra. Y la cosa no está para tirar cohetes.
Pero el dato negativo no se ciñe a un lugar. Se reparte por todo el territorio. La patata está dando problemas, porque se ennegrece por dentro. Y la castaña ha venido en menor cantidad que en años pasados; y aún por encima, con bicho. Trabajo que no da beneficio; y aporte extra en muchos casos que este año se verá reducido al mínimo. Y mientras seguimos esperando los grandes proyectos que se anunciaron a bombo y platillo. ¿Cuándo será realidad la planta de biomasa? ¿Qué paso con Xero? En vendernos motos, en Ourense sí vamos a la cabeza.