na niña ourensana, en la foto de al lado, hace el signo de la victoria porque, después de casi cuatro meses sin poder practicar su deporte favorito, pudo saltar de nuevo a una cancha. La mano del adulto que durante 16 semanas la tuvo retenida contra su voluntad en el equipo Pabellón-Cidade das Burgas (que se nutre de fondos públicos), aflojó. Y aflojó porque en Madrid le ordenaron que aflojara. No lo hizo ni por sentido común, ni de justicia, ni de espíritu deportivo (¿cómo se puede tener a una niña pasando un calvario por unas disputas de mayores?), ni por un concepto de la decencia («se es antes mujer que deportista», que había dicho sobre el caso la Secretaria de Estado de Igualdad). Se terminó el calvario porque la Federación de Fútbol así lo ordenó a los directivos del Cidade das Burgas que en su actitud de bloqueo estuvieron siempre amparados por el edil de Deportes, del BNG, Fernando Varela. ¡Qué al revés está el mundo! Un papel vale más que la felicidad de una niña. Un político nacionalista, con dedicación exclusiva en el Concello, no fue capaz de resolver el problema. Esa es la gran lección que deja el caso de la menor retenida contra su voluntad. Ourense tiene que mantener a políticos ineptos que en lugar de solucionar los conflictos de los ourensanos que les pagan, los trasladan a Madrid. ¿Y se sorprende el BNG de su debacle en las pasadas municipales? Me temo que con actitudes como las mostradas en el calvario de la menor, no sean capaces de taponar la sangría de apoyo popular.