lama la atención la numantina defensa que el PSOE está haciendo del proyecto de Montealegre. No admiten ni un borrón y llegan a una agresividad tan chirriante como impropia en personas vocacionalmente tolerantes. Es normal que saquen pecho por una obra, que, más para bien que para mal, es referencia del primer mandato del alcalde Francisco Rodríguez. Es una de esas actuaciones que acaba en los libros, o lo que sea que en los próximos años patrocinen los mandatarios de turno. Si son afines, dirán quién era el regidor del gran logro, por aquello del sacar tajada con efecto retroactivo, como ahora. Y si no, se olvidará quién era y a otra cosa.
No todo ha sido un error en Montealegre, aunque haya quien lo muestre así, pero es evidente que en la gestión política los ha habido. No se puede inaugurar una obra sin estar rematada, para hacer un cariño a un edil que deja de serlo. Humanamente será comprensible, pero políticamente es censurable, pues el gesto puede acabar costando dinero del escote de los impuestos. Las empresas que participaron en las obras asumirán, con sentido y criterio, la finalización de unos trabajos que desde el Concello les exigieron que dejaran sin hacer, o que en algún caso les impusieron pese a la advertencia de precipitación. Podrían plantarse ahora, cobrar y mirar a otro lado. La legislación está de su lado. El sobrecoste, en ese caso, sería culpa de otros. En el PSOE, sin embargo, empeñados en que no hubo errores. Allá ellos.