Ejerciendo de abuelos útiles y utilizables pasamos una semana en un pueblo de Ávila, a más de 1.400 metros de altitud y próximo a El Escorial. Su nombre, Peguerinos, nada dice al común de los mortales pero resulta bien conocido para los entomólogos (científicos dedicados a los insectos) y más aún para los interesados en lepidópteros o mariposas. Y es que en el verano de 1849 el doctor Graells, director que fue del Museo de Historia Natural y del Jardín Botánico de Madrid, cazaba mariposas en el llamado «pinar llano» de Peguerinos y de repente llamó su atención la puesta de su perro ante un tronco caído. Mayúscula fue su sorpresa al comprobar que había descubierto una soberbia mariposa, para él desconocida. Comprobado que se trataba de una especie nueva para la ciencia le puso por nombre «Graellsia Isabellae» en honor a la Reina Isabel II. Se había encontrado con la mariposa más bella de Europa.
En ese pinar que pisamos a diario con los nietos luce en una roca una placa conmemorativa del hallazgo de la que llaman la «isabelina» y en el escudo del ayuntamiento aparece espléndida esta excepcional mariposa. Cuando los municipios, en general, son noticia por peleas, ruinas, incapacidades o irregularidades, resulta reconfortante que el nombre de uno de ellos vaya unido al de una mariposa. Por un motivo así o parecido me encantaría identificar al Concello de Ourense.
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