a situación que viven en la actualidad la estación de montaña de Cabeza de Manzaneda no debe resultar sorpresiva para nadie. Por lo menos para ninguna persona que en los últimos haya escuchado de boca de los propios gerentes de Meisa la necesidad imperiosa de un cambio radical de rumbo. En Manzaneda ya no nieva y no lo hará. Y los responsables del funcionamiento de Cabeza de Manzaneda lo sabían. No resultó un problema hasta la fecha. Mientras había dinero y resultaba igual dinamitarlo, se hizo. Por ejemplo en un telesilla moderno de última generación que hasta los propios trabajadores de la estación aseguraban que era un gasto inútil y excesivo. Los concellos limítrofes han ido recogiendo algunos frutos. Malo sería el día que alguno de los esquiadores o visitantes no se acercarán hasta las localidades cercanas a degustar productos de la zona y conocer algo más de la Galicia de interior. Pero todo esto ha acabado. La Xunta ya no puede repartir -ha recortado subvenciones por todas las esquinas-, los concellos agonizan y no están dispuestos -no pueden- exprimir más presupuestos no solo raquíticos sino desfasados. Queda Novacaixagalicia. En fin. A la estación de montaña de Cabeza de Manzaneda no le queda otra que renovarse o morir. Y si al final es esto último, su desaparición se convertirá en la primera fase de la muerte lenta de una comarca -varias- que ven como su población va envejeciendo al mismo ritmo que una estación que ya no depende de la nieve.