oster, otra vez. Le ha faltado tiempo a una parte del gobierno local para invocar el nombre del reputado arquitecto y, de paso, recordar que en el PP habían puesto en duda la intervención de este profesional en el diseño de la futura estación del AVE, esa que, según dicen, va a situar a Ourense en el centro del universo y transformará la ciudad para convertirla en un nuevo lugar de peregrinación.
Foster, decíamos. Ahí sigue, en el centro de todas las quinielas. El proceso para ver a quién encargan los dibujos de esta obra se ajusta cada vez un poco más. De la treintena de equipos que se interesaron por el asunto y presentaron credenciales ya solo quedan siete en pie. El de Norman Foster y seis más. Grandes firmas, es decir, un ramillete de figuras entre lo más granado del mundo mundial, profesionales de reconocido prestigio, cuya sola presencia en el concurso sitúa a Ourense en una dimensión desconocida. Dicen.
Como al final resulte que desde el ADIF, donde aparentemente no mandan mucho ni el alcalde Rodríguez ni la concejala Soto, encargan el trabajo a alguno de los otros seis equipos, ya pueden ir pensando los antedichos cómo agradecer al ourensano consorte la utilización que aquí han hecho de su nombre. Las señales, de todas formas, apuntan en otra dirección desde hace tiempo. Si quienes acaban recibiendo la encomienda son Foster y Cabanelas, socios en esto, aún haremos unas buenas risas. Habrá llegado también el momento de elevar a Ourense a la condición de capital mundial de la clarividencia.
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