ada cierto tiempo se pone de moda alguna palabra, o palabro, entre la llamada clase política. (Clase, por cierto, en cuanto personas del mismo grado, calidad u oficio, como dice el RAE en su primera acepción de clase, la más neutra y alejada de la siempre subjetiva «distinción», que aparece en el octavo lugar y aquí no hace mucho al caso, digamos).
Ahora se dedican a instar: los políticos, digo; al menos, los del Concello de Ourense. E instan, claro, con el evidente afán de tratar de poner en evidencia a los otros. Practican el juego floral cruzado, casi siempre prescindible, e igualmente inútil. Desde el PP se insta al Gobierno de Madrid y desde el PSOE o el BNG se insta a la Xunta. Rutina. Trae el nuevo curso, sin embargo, una variable que recuerda al ¡tachán, tachán! con redobles e intensa emoción de cuando en el circo más convencional intentaban los trapecistas el tripe mortal.
El gobierno municipal de Ourense, o al menos una parte, parece dispuesta a batir récords. Salvo que alguien haga un llamamiento a la cordura y al sentido común, se va a debatir en el próximo pleno una moción para que la corporación inste a la Xunta, con el fin de que el gobierno gallego inste a su vez al central a adoptar medidas que frenen la subida de las comisiones bancarias. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Ya puestos, podían instar a El Corte Inglés a que incluya la ropa de temporada en las rebajas, o a Gadis para que no se repita el desabastecimiento de bonito de este verano, o al Porta da Aira para que no cierre en septiembre.
Si es por perder el tiempo...
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