Las lágrimas de Inmaculada

Antón Feito

OURENSE

04 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Amares, querida Inmaculada Rodríguez, empresaria, exdiputada del PP por Ourense y exvicepresidenta del Parlamento. Así lloraste ayer en el entierro de tu padre. Como solo puede llorar una hija en el adiós definitivo al ser que idolatra. ¡Cuánta sinceridad en tus lamentos! ¡Cuánto amor en cada una de tus lágrimas! ¡Cuánto dolor en cada beso! Estoy seguro que pasaste uno de los peores momentos de tu vida. Tenías que despedir a un empresario de pro, a un pionero, a un hombre cincelado a golpe de esfuerzo, a uno de esos ourensanos a los que debemos gratitud eterna. Porque él, Ernesto Rodríguez Fernández, salió de la nada de Os Peares y se fue a sus 78 años dejando una empresa, Mecanizados Rodríguez, que da trabajo a 170 familias. ¡Ese sí es compromiso con su tierra! Tengo que confesarte que cuando el nunca bien valorado Jorge Estévez (¡Dios, de rector del seminario a un pequeño pueblo de Verín!), concluyó la ceremonia, me emocionaron tus enrojecidos ojos pero más el rostro serio, dolorido, del comité de empresa comandado por el boss de la CIG, Etelvino Blanco. Más allá de los problemas laborales que azotan a las empresas (la vuestra no iba ser una excepción), la presencia de los representantes de los trabajadores mostraba un sentimiento de afecto hacia el patrón fallecido. ¡Claro que estaba mucha más gente! ¡Claro que me emocionó ver a Baltar (¡genio y figura!), y al alcalde de A Coruña, y a Cabezas (¡nunca bien reconocido en Ourense!) y a miembros de la Xunta y del Parlamento, y a líderes empresariales, y a... Tan sólo noté la ausencia (¿por qué no aprenderán del viejo patriarca?) de los diputados del PP que lideraste en el 2001. Ni Santalices, ni Castro, ni Baltar hijo, ni Loli Seijas, ni Maximino, ni Castor, ni Caldelas. ¡Puerca política! Ya decía tu difunto padre que tu irrupción en la política había sido «un pequeño revés». Ayer vi que tenía toda la razón.