ntes lo hacían con piedras y ahora, en un alarde de sofisticación, usan mechero. Igual es porque ha sido en las formas en lo único que se han constatado variaciones.
Los gallegos primitivos, los que vivieron hace seis mil años, eran gente con gusto incendiario que tenía por costumbre arrasar el monte como estrategia de caza y también como fórmula para generar zonas de cultivo y pastoreo. Los ciudadanos del siglo XXI siguen quemando árboles y árboles, demostrando estar más que dispuestos a mantener aquellas sesudas aficiones de sus ancestros.
Ahora que en el monte empieza a oler a chamuscado, y no precisamente por las hogueras de San Juan, se conocen los resultados de una tesis doctoral que viene a decir, aunque ya lo sospechábamos, que al gallego esto de quemar el monte le viene de siempre. Según un investigador holandés, el suelo que pisamos en Galicia, con el roble cotizando cada vez más a la baja y el matorral alcanzando máximos históricos, es producto de la acción de aquellos individuos que andaban medio desnudos, sin Internet, teléfono móvil o motores diésel de inyección, y que se hicieron fans de las llamas porque tenían que sobrevivir.
Y a ellos, hasta hoy, les siguieron otros individuos más evolucionados que mantuvieron el gusto por el olor a madera quemada. Han pasado 6.000 años y aunque ahora se presuma de sofisticación, los valores ambientales siguen en la Edad de Piedra. A mi me surge la duda: ¿Quién es aquí el primitivo?