Ya tenía ganas, querido Gonzalo, de dedicarte unas líneas. Fuiste la gran noticia del 22-M y por aquello de que las matemáticas han sustituido a la política (ahí tienes la entrega del BNG al PSOE por un plato de lentejas para cuatro militantes durante cuatro años), tu triunfo pasó casi sin pena ni gloria. Me emocionó verte en tu escaño en el pleno de toma de posesión. Daba la impresión de que se ampliaba tu innata timidez, que una losa de responsabilidad aprisionaba tus hombros, que habías salido del túnel del tiempo mediático (tu mundo es Auria TV, ese invento casero que te permitió ser libre y compartir sueños con miles de ourensanos que depositaron la papeleta de Democracia Ourensana en la urna), para aterrizar en una realidad que te ponía nervioso. Te entiendo. A todos tus votantes y a la mayoría de ciudadanos les pasaría lo mismo. Impresiona entrar en ese sanctasanctórum que es el salón de sesiones del Concello de Ourense. Sus artesonados, sus balaustradas, sus cuadros, sus cortinones, sus ujieres, sus periodistas... Todo está diseñado para impresionar a la gente del común aunque dentro solo haya gente del común. Gente como tú que recibes un reiterado mensaje: «Gonzalo, ¡dales caña!». Y tú, entre tanta parafernalia, seguro que no sabes por donde empezar. No te inquietes. Siempre fuiste un corredor de fondo y sabes que la más larga caminata comienza con un paso. No te conviertas en un Rubalcaba y quieras batir el récord de los 100 metros. Tienes cuatro años por delante y 100 días de cortesía (espero que no imites a Pachi que no le dio a Feijoo ni cien minutos), para hacer labor de oposición, una labor tan digna (o más) que la de gobierno porque permite luchar por los ideales (¡por ellos llegaste hasta ahí) sin la contaminación de los intereses (muchas veces espurios) que acompañan al poder. ¡Ánimo. empieza la maratón!