a pasada semana no pude evitar subirme al tranvía de las promesas del PSOE. No queda otra. En estos días, que no son más que una víspera prolongada del 22-M, me sobran los motivos para sorprenderme con los programas electorales. El PP quiere recuperar la alcaldía de Ourense y, para hacerlo, está dispuesto a ponernos un piso. Lo de la mercería es otra cosa. No están los tiempos para vender botones.
Para comprometerse los partidos no dicen «sí quiero». Usan esdrújulas y frases subordinadas. Como esas que luego emplean los políticos en los mítines, para hablar mucho y decir poco. Rosendo Fernández promete «instrumentalizar» una hipoteca joven. Yo hasta ahora creí que la hipoteca, si podías, la pagabas. Pero resulta que los populares la van a «instrumentalizar para facilitar a adquisición da súa vivenda habitual aos mozos en colaboración do Concello e unha entidade financeira».
No sé si el candidato conoce a muchos jóvenes en busca de casa pero su problema, tome nota, no es la instrumentalización de la hipoteca. Su problema es que no tienen trabajo o que ganan poco; que el banco no se la concede o que las cuentas no le salen para pagarla. Ignoro si en virtud de la promesa un futurible Concello del PP va a ejercer de avalista, a pagar la entrada o a regalar la vajilla. Pero tengo la sensación de que no será así. De todos modos Rosendo promete también viviendas intergeneracionales y pisos para viudos. Lástima que la gente quiera un hogar.