Es comprensible que en un mitin, ante unos entregados siareiros, un político pueda cometer algún exceso lingüístico utilizando adjetivos que nunca sacaría del diccionario. Pero sorprende el calentón del segundo de Pachi Vázquez en el PSOE galaico en una comparecencia en la que le acompañaban tres ponderados (dos maestros y un abogado) amigos socialistas. En ese hábitat, Pablo García soltó lo de «neonazi» y «mafioso» al referirse a las prácticas del alcalde de Baltar y generalizando los epítetos al PP. Para poner la guinda se preguntó: «¿Qué es lo que falta, pegarle un tiro a alguien?». ¿De verdad sabe Pablo García lo que fue el nazismo? ¿De verdad sabe que mafia es una «organización criminal»? ¿De verdad sabe como es una sociedad que se enfrenta a tiros? ¿Es lo de Baltar o Carballeda similar a lo de Siria o Libia? ¿Sabe el dirigente del PSOE que llamar nazi a una persona cotiza en los tribunales a 30.000 euros por «equipararle con quienes fueron los mayores genocidas de la historia reciente en Europa»? ¿De verdad cree que los hechos de Baltar (que aclarará la justicia) merecen esos calificativos? ¿No le da repelús a Pablo García llamar neonazi y fascista a un alcalde por (en el caso que así se acredite) rayar el coche de una contrincante y sentarse en la ejecutiva del PSOE, ¡y en el Senado! con su compañero Fidalgo Areda, condenado por un juez por pinchar las ruedas del de su rival del PP en Ribadavia? ¿No descubrió el PSOE, Pachi Vázquez o Laura Seara que el hoy alcalde del PP en Baltar era un neonazi y un mafioso durante los cuatro años que gobernaron con él en Xinzo? ¿Cómo puede pasar de socio preferente a discípulo de Hitler? ¿Cuántos credos éticos hay en el socialismo galaico? ¿Cree el PSOE que en el siglo XXI esta dialéctica es la acertada para conseguir el apoyo de una sociedad desencantada con los políticos? ¡Dios, cuánta desmesura!