Día del amor fraterno

José Pérez Domínguez

OURENSE

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. En esto conocerán que sois discípulos míos». Cristo, «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» y seguidamente funda la escuela del amor auténtico: «Como yo os amé, así debéis amaros los unos a los otros».

Allí en el cenáculo contemplamos a Jesús, que lava los pies de sus discípulos, como un signo de su entrega. Y escuchamos cómo nos deja el pan y el vino como sacramento permanente de su presencia entre nosotros hasta el fin de los tiempos. Es un nuevo estilo de vida y una manera nueva de comportarse.

Ya no vale el «ojo por ojo y el diente por diente»; tampoco vale el «ni olvido ni perdono»; y mucho menos el «me las pagarás todas juntas».

Jesús dice que «no sea así entre vosotros; el que quiera ser primero, hágase el último; como el Hijo del hombre que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos». No es fácil la comprensión de esto a entendederas simplemente humanas. Sólo es posible si emprendemos el camino, que el Señor nos va marcando con sus pisadas: entregar la vida, derramar la sangre, despedazar el cuerpo, hasta llegar a ser nosotros otros Cristos eucarísticos. Esto es lo que hoy celebramos en la festividad del día de Jueves Santo.