21 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ya se disputó el segundo gran derbi. Millones de personas participamos el miércoles santo en la liturgia del fútbol, en directo o por la tele y revestidos o no con los colores de uno de los dos equipos que disputan entre ellos su galáctica competición, a enorme distancia de todos los demás en casi todo menos en las deudas.

El fútbol elevado como nunca a espectáculo de masas nos depositó con suavidad en un largo puente festivo que invita al relax en el momento más necesario, para olvidar por unos días la inacabable sucesión de sustos en que se ha convertido la actualidad de cada día.

A ver si ceden al relax los responsables de que la prima de riesgo parezca tantas veces la gráfica de un terremoto y no un indicador económico y aflojan los lazos que atenazan el cuello de millones de familias endeudadas hasta las cejas.

Ojalá les dé tiempo a reflexionar a quienes ponen en la calle aplicando beneficios penitenciarios más que discutibles al terrorista que voló un autobús lleno de pasajeros, y a quienes tratan de agitar esa bandera llena de sangre en su búsqueda de votos.

Quizá el descanso ayude a devolver la templanza a quienes anuncian aparatosas subastas de muebles lujosos para denunciar el despilfarro de su rival electoral mientras celebran inauguraciones con pianos de cola en la calle. O a encontrar explicación a tantas coincidencias entre personas vinculadas al PP y los puestos de trabajo en la Diputación de Ourense.

Al fin y al cabo, hoy es día festivo porque hace dos milenios un líder atípico cenó con sus doce principales seguidores para transmitirles como única consigna que se amaran.