Los abuelos

Eduardo Olano

OURENSE

Los abuelos, a cuyo gremio pertenezco avalado por cinco retoños, formamos uno de los colectivos que más ha cambiado desde cuando éramos nietos. Aunque hoy parezca inconcebible yo recuerdo a mis padres tratando de «ustedes» a sus padres, mis abuelos, al tiempo que los entonces nietos los tuteábamos sin piedad, iniciando, sin quererlo, la decadencia de la figura del abuelo venerable e intocable para quehaceres familiares. Si alguien les hubiera pronosticado el modelo de abuelo del futuro nunca admitirían que con el tiempo serían domesticados, dicho en el sentido de ser incorporados a la actividad doméstica.

Cuando a la una del mediodía contemplo la cantidad de abuelos que esperan a sus nietos a la salida del colegio me doy cuenta del arraigo que hoy tiene el abuelo utilitario y entonces me enternezco y me siento abuelo inútil porque mis cinco nietos salen del colegio a distancias fuera de mi alcance.

Y es que mis hijos forman parte de la masa de jóvenes ourensanos emigrantes a mayor o menor distancia, pero emigrantes por falta de trabajo y con ellos ha emigrado mi tarea como abuelo, es decir, que amén de pensionista, en parte, estoy en paro. Y sin querer y para mis adentros juro y bramo en arameo renegando de cuantos culpables de la falta de trabajo haya habido y de cuantos responsables hoy no se ocupen y preocupen de esta grave situación que nos urge y nos acucia.