Ayer, en Santiago, tronaron voces nacionalistas, con acento ourensano, contra el proceso de bancarización de Novacaixagalicia. Cargos públicos del BNG se desplazaron hasta la capital gallega para gritar que es menester «que o aforro galego siga vinculado o densenrolo económico do país» (Guillerme Vázquez, dixit) y que «ter unha caixa galega é fundamental» (Suso Seixo, dixit). En la calle, pancarta y megáfono en ristre, el BNG, al menos el de Ourense, se siente más cómodo que en las instituciones. Ahora, cuando la caixa gallega se desliza hacia la nada, salen a la calle los nacionalistas ourensanos pero, ¿qué hicieron en el Concello de Ourense o en la Diputación para defenderla? En el consejo de administración de la entidad de ahorro ambas instituciones tenían sendos representantes elegidos por los respectivos plenos. ¿Qué hicieron los ediles y los diputados del BNG para pedirles explicaciones, darles instrucciones y, en todo caso, hacerles saber que no se representaban a si mismos y sí al pueblo de Ourense? Nada. Ni una moción, ni una pregunta, ni una denuncia. Ahora salen a la calle. Y eso está bien si se cumpliera lo de «a Dios rogando pero con el mazo dando». Manifestaciones sí pero trabajos previos para evitar que la hoja de ruta de la caixa gallega llegase tan lejos, también. Lo malo es que no son los únicos. PSOE y PP tuvieron el mismo comportamiento de inhibición. Aunque estos, al menos, no salen a la calle a protestar.