La actriz recupera una obra de su progenitor y le convierte en protagonista
04 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Blanca Marsillach ha convertido a Ourense en un lugar asiduo en donde recalan todos sus espectáculos y montajes. Sea en locales como el Teatro Principal, donde es una habitual en las últimas temporadas, o en espacios de carácter social, como acontecía hace unos meses con la propuesta escénica dirigida a las personas mayores, que se desarrolló en el asilo de Rairo, la actriz dice sentirse a gusto cada vez que vuelve a la ciudad. Ahora llega de nuevo al Principal -día 5, a las 20.30 horas- con el montaje Una noche blanca con los clásicos, propuesta en la que rescata el proyecto desarrollado por su padre, Adolfo Marsillach, en base a textos de los mejores autores de los siglos XVI y XVII, acompañados por composiciones musicales que van desde las Cantigas de Alfonso X El Sabio a Tomás Luis de Victoria.
-La pregunta es obvia aunque usted ya la contesta en la memoria de su obra ¿estamos ante un encuentro imposible como el de Nat King Cole y su hija?
-Así es. Este es un espectáculo muy a lo Natalie Cole y gracias a él, a Una noche blanca con los clásicos, mi padre y yo compartimos finalmente el escenario, algo que no hicimos cuando él estaba vivo. Lo nuestro fue un encuentro imposible y gracias al teatro y a las nuevas tecnologías en esta obra rindo homenaje a mi padre, a los clásicos y a todo lo que me ha dado la vida gracias a las enseñanzas de los clásicos y de mi padre.
-¿Con qué se va a encontrar el espectador que se acerque mañana al Principal?
-Con una propuesta escénica que aprovecha las nuevas tecnologías para que Adolfo Marsillach y yo podamos compartir escenario. Gracias a la privilegiada habilidad de mi padre para adueñarse de los escenarios hay momentos en los que se siente su presencia sobre las tablas, como si realmente estuviese conmigo representando mano a mano esta obra y recitando los hermosos versos y textos que él eligió para la misma.
-¿Cree necesario rescatar la memoria de Adolfo Marsillach?
-Este es un país con una escasa y frágil memoria. Si alguien como él hubiese vivido en Francia o en otros países europeos habría calles con su nombre y se le recordaría cada año. Pero no estamos hablando, me refiere a Una noche blanca con los clásicos, de una reivindicación. Es un montaje que supone para mí el regreso a esta obra y a la recuperación sentimental de mi padre, no tiene otra lectura.
-¿La baza de los clásicos no es algo arriesgada en estos momentos? ¿Cómo lo valora el público?
-La gente de la generación de mi padre se reencuentra con textos y versos que forman parte de su legado cultural y su enseñanza. A la gente joven le sirve para descubrir que los clásicos son atrevidos, intrépidos, transgresores y con una riqueza de lenguaje que deslumbra. Y tenemos una versión más cañera para los centros de secundaria, en la que salimos con vaqueros, en la que hay mucha más implicación.
-¿Ser actriz y empresaria teatral no es un poco desquiciante?
-A veces necesitas mucha fuerza interior para no venirte abajo, pero este mundo me encanta y todo lo que signifique teatro merece la pena.
-¿Qué proyectos tiene en cartera?
-Empezamos en nuestro teatro, el Fígaro-Adolfo Marsillach de Madrid, un programa dirigido a los discapacitados que cuenta con el apoyo de la Fundación Repsol.
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