Esta trabajadora incansable organiza el ocio y el apoyo social para un colectivo que cuenta con más de 200 socios
21 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Estudia inglés y francés, va a clases de pintura y de literatura, participa en un taller de memoria, acude a clases de taichi, es miembro del coro de las Aulas de la Tercera Edad y también pertenece a la coral Albor, con los que ensaya varias veces por semana. Y todo esto, en el tiempo que le deja libre su principal preocupación: llevar el timón de la Asociación de Jubilados de Telefónica en Ourense, para la que prepara actividades de ocio, organiza el voluntariado, lleva la contabilidad y hasta expide los recibos a sus 200 socios.
-¿Cuál es el secreto para atender a tantos frentes?
-No me creo nada especial. Yo pienso que con voluntad, cualquiera puede hacer lo que se proponga. Bueno y también con un poco de salud, y eso tengo que reconocer que Dios me lo ha dado, así que me parece justo devolver esa suerte que tengo haciendo cosas y ayudando a los que no tienen tanta suerte.
-De todas sus actividades ¿con cuál se siente más satisfecha?
-Me gusta todo lo que hago, pero es verdad que la Asociación de Jubilados de Telefónica es a la que le dedico más tiempo, y eso que ahora tengo otras dos chicas que me ayudan porque sobre todo las cuestiones de contabilidad, que tenemos que llevar muy al día para enviarla a la zona territorial, ocupan mucho tiempo. Disfruto organizando las salidas que hacemos durante el año, porque organizamos varios viajes para conocer otras ciudades, o la asistencia a los congresos y reuniones territoriales, o las visitas a exposiciones; pero lo más gratificante es el voluntariado, que ahora estamos estructurando un poco mejor.
-¿Qué hacen exactamente en esa faceta?
-Desde acompañamiento en hospitales o en casa, hasta visitas a los más mayores ya estén en sus casas o en residencias, y también les ayudamos con cuestiones administrativas o gestiones como ir a la farmacia, y les asesoramos si pensamos que pueden pedir algunas ayudas por ejemplo por dependencia... En definitiva se trata de ayudarnos unos a otros, porque somos como una gran familia y hemos mantenido muchos lazos de amistad entre los trabajadores, quizá porque el trabajo entonces era distinto y obligaba a un contacto más directo entre todos.
-Sorprende su pertenencia a dos coros ¿es su vocación frustrada?
-No diría tanto, pero siempre me gustó. De hecho ya pertenecía al coro del instituto y estudié algunos cursos de solfeo y piano. Lo dejé cuando me desplacé a trabajar en Madrid, Bilbao y Vigo, pero cuando conseguí volver a Ourense me empeñé en terminar los niveles de solfeo que me quedaban.