Tu nombre, querido Marcos Rodríguez Jorge, quizás no le diga nada a la gran mayoría de los 335.159 vecinos que moran en la provincia que te vio nacer. No buscas las luces de los flashes ni los titulares de los periódicos. Más bien te escabulles. Fíjate que para ilustrar esta columna tuve que viajar diez años atrás para encontrar tu rostro en una fotografía tomada en el rali de Extremadura en el que, dicen las crónicas, destacaron Chus Puras, Pedro Burgo y un tal Marcos Jorge. Cuando los amantes del automovilismo te veían continuador de la saga de campeones de ralis, dejaste el volante real y agarraste el virtual de una empresa de ingeniería. Una década después, ya eres un campeonísimo. Tu firma, Formato Verde-TNL, ha sido elegida por los dirigentes de Abu Dabi (¡también es mala suerte que coincida en el lugar que hizo brotar lágrimas de frustración a los muchos alonsistas que en el mundo son!) para ejecutar un macroplán de residuos sólidos. Parece increíble pero es verdad. Una empresa de un joven ourensano, que trabaja en el Parque Tecnológico, ha sido elegida tras un concurso internacional de ideas al que concurrieron multinaciones punteras del sector. Pones una pica en Flandes o, dicho de otro modo, consigues en los Emiratos Árabes lo que tanto te cuesta en Galicia. ¡Qué triste paradoja! ¡Instalas los contenedores de Abu Dabi y tu capital está huérfana de ellos en, por ejemplo, la emblemática calle Bedoya! No me extraña el hecho. Siempre es igual. Aquí el talento se desdeña cuando no se persigue. Al otro lado del mundo venciste con ideas y aquí sabes que vencen los que se agachan para entrar por las pequeñas puertas del favor. Por cierto, ya ves que llego a la última línea y casi no digo que el empuje empresarial lo llevas en los genes. Estoy seguro que tus progenitores Paco Rodríguez (¡sí, sí, el de la CEO!), y Ana Jorge (¡sí, sí, la de Telefónica!) regaron en tí no sólo sabiduría empresarial sino bondad personal. Y esa sí te hará triunfar aunque sea allende los mares.