Dormir en la calle

OURENSE

Dormir en la calle ha dejado de ser una de esas imágenes que solo se veían en las pelis americanas. Es una de las consecuencias de la crisis, que ha acercado la pobreza a la puerta de al lado de nuestra casa. Donde antes había un matrimonio con hijos que las pasaba canutas para llegar a final de mes, ahora hay una familia desestructurada con los progenitores en el paro y sin ingresos que se ven obligados a pedir para poder comer.

La crisis es eso. No las grandes cifras macroeconómicas que llenan los telediarios, ni tampoco las previsiones del Fondo Monetario Internacional sobre la economía española. La crisis es que los panaderos detectan un incremento en el robo de las barras de pan que les dejan a sus clientes en las casas del perímetro rural. No es una pillería ni una trastada, aseguran, lo hace gente necesitada para comer. La crisis, también conocida en un primer momento por recesión por el futurólogo ZP, también es ver en los cajeros automáticos restos de que un mendigo ha pasado allí una noche.

En todo eso reflexionaba después de asistir a la enésima inauguración del Plan E. Se trataba, en este caso, de la reforma del hogar del transeúnte, un viejo edificio que hasta ahora era indecente. Gracias a los fondos anticrisis, ese local se ha transformado en un espacio digno donde cada noche veinte personas tendrán una cama para dormir a salvo del frío que nos espera este invierno. Y es que dormir en la calle tiene que ser terrible. Sino imagínese multiplicadas por cien, y durante todos los días de tu vida, las incomodidades que todos experimentamos alguna vez al ir de cámping. Eso es lo que queda detrás de esa inversión de 600.000 euros. Por una vez, estaba justificada la parafernalia que lleva consigo una inauguración: banda de música, discursos y pequeño baño de masas. Eso sí, con perdón, pero lo de la placa laudatoria al alcalde de Ourense me parece un exceso cuando la obra la paga el Gobierno central.