De nuevo la misma historia. ¿Y cuántas veces van ya? El número exacto se me escapa, pero lo que sí sé es que la cuenta es larga. En Valdeorras todo se mide en color político, nadie es capaz de mirar más allá. Cualquier proyecto se ve enlodado siempre por lo mismo; y el resultado es idéntico una vez tras otra: fracaso. Ni siquiera cuando se habla de crear un consorcio de turismo se dejan a un lado las consignas, los votos, las cuotas de poder. Que digo yo (que de política sé poco, pero de viajar aún me defiendo), ¿acaso al turista le importa quién gobierne o quien pague las infraestructuras (dejemos a un lado destinos en conflicto)? Y como viajera respondo que no. Que poco más da si izquierdas o derechas; cuando elijo destino lo que quiero es no perder horas y horas en llegar, y, una vez allí, disponer de oferta de alojamiento y restauración. Y, como no, poder escoger cómo invertir mi tiempo, con alternativas de ocio diferentes.

De eso es de lo que debería ocuparse el consorcio de turismo de Valdeorras. De conseguir que el turista sepa que existe Valdeorras, que todo lo que hay aquí merece la pena, que los que vienen a Las Médulas camino de As Burgas sientan la necesidad de parar unos días aquí; de conocer una parte de la provincia en la que nunca se ha visto un chino sacando fotos, ni siquiera un británico. ¿Por qué aquí no y sí en la Ribeira Sacra? Es un ejemplo, cercano, de que los consorcios bien entendidos funcionan, como entes que buscan dinamizar un espacio, un terreno que de por sí vale la pena, pero que no se conoce.

Parece sencillo de entender, pero los políticos se obcecan y solo ven votos y réditos políticos. Y más ahora que quedan unos meses para las municipales. Parece que no son capaces de mirar más allá de su ombligo, siendo difícil pensar que el consorcio se convierta en una realidad antes del próximo verano. Así que en 2011 seguiremos sin ver turistas por Valdeorras.