Hace algún tiempo las empresas constructoras del AVE Carballiño-Ourense plantearon a las oficinas de empleo de Ourense contratar entre 50 a 60 personas. Ipso facto, los técnicos realizaron el correspondiente sondeo y, efectivamente, se detectaron 150 personas inscritas como demandantes de empleo a las que se les envió carta certificada con acuse de recibo. 150 ourensanos, entre ellos albañiles, oficiales de primera y segunda, electricistas o soldadores fueron llamados a filas para trabajar, gran parte de ellos con prestación de desempleo. Para sorpresa de las empresas solo acudieron a la llamada de trabajo 30 interesados y manifestaron su disposición para trabajar ¡15!. Algo tiene que moverse y cambiar dentro de nuestra sociedad. Las empresas subcontratan personal al otro lado del Miño, las pensiones y hostales están ocupadas con latinoamericanos y europeos del Este que trabajan tanto como nuestros padres cuando fueron a Alemania y Suiza. Me comenta una persona que está en un curso de formación para desempleados en hostelería, que por participar como único voluntario en el curso y cobrar la prestación, los demás participantes (forzosos) lo pusieron a parir y lo trataron como bicho raro. Entre todos tenemos que recuperar el reconocimiento de la cultura del trabajo, porque si seguimos aspirando a la cultura del pensionista, vamos acabar mal.